miércoles, 30 de marzo de 2011

Uruguay 3 - 2 Irlanda

Volvieron los goles, esos que se estaban negando desde el triunfo frente a China. Volvió la victoria, después de dos derrotas consecutivas. Regresó el potencial ofensivo, los desbordes de los laterales, la fuerza del mediocampo. Apareció la Celeste. Mucho más auténtica. Fiel al estilo impuesto por Tabárez. Volvió Uruguay, para tomar distancia de la de la terrible jornada de Tallin ante Estonia. Y con eso llegó el triunfo revitalizador del espíritu ante Irlanda.
Uruguay se arrimó un montón al estilo de juego que impuso en la Copa del Mundo y a partir del respeto a la fórmula que permitió consolidar una imagen fuerte el equipo se plantó bien en Dublin.
Tras un comienzo dubitativo, producto de un grosero error de Fernando Muslera ante un disparo con pocas pretensiones del número 8 Fahey, la Celeste empujó con el "Ruso" Pérez, se proyectó con el "Mono" Pereira y se convirtió en agresivo con Cavani y Abel Hernández.
Esa superación en el juego, producto de la buena coordinación de movimientos y de la seguridad que tuvo el equipo en las entregas, permitió que Uruguay no se desmoralizara cuando Shane Long de cabeza puso el empate en el tanteador, poco después que Diego Lugano había sacado buena ventaja de un rebote para definir contra un palo.
Es más, el partido avanzó sobre los carriles que propuso el equipo de Óscar Tabárez, y si bien Irlanda siguió buscando ejercer el control del partido, la "Joya" y el "Matador" dejaron en evidencia que el cotejo podía quedar en poder de Uruguay.
Un golazo de Cavani, dos acciones más de alto riesgo sobre el arco del dueño de casa confirmaron el panorama que se presentaba en Europa.
Empero, la mano pareció que podía complicarse en el comienzo de la segunda mitad, cuando Cáceres cometió una doble infracción contra dos jugadores irlandeses en el área y llegó el descuento. Mucho peor cuando Muslera dio rebote en un tiro frontal.
Amenazados por la sombra de los errores de los arqueros, llegaron los nervios. Y el partido comenzó a ser vertiginoso. Con Irlanda buscando el empate con desesperación y con Uruguay planteando batalla en el ida y vuelta.
De ese intercambio de golpes la Celeste debió sacar mayor rédito, porque hubo inmejorables oportunidades para elevar el tanteador. Si el grito de gol prácticamente quedó instalado en las bocas de todos los futbolistas cuando Cavani y Hernández quedaron mano a mano con el arquero.
Eso sí, también hay que remarcar que Irlanda encontró una buena veta para evitar que la visita uruguaya fuera tan dolorosa, porque producto de algún centro surgió un cierto regalito de Muslera.
Pero como lo aprovecharon como corresponde y Uruguay procuró cerrar mejor los caminos, nada hizo alterar el marcador.
De esa manera la Celeste logró cambiar la mala imagen dejada en Estonia.

Ovación

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